22/6/20
Uno de nuestros grandes descubrimientos estos meses ha sido la plastilina. Leo había jugado con ella en la escuela infantil, pero en casa no nos habíamos animado a tenerla. Junto con la levadura y los huevos, creo que la plastilina ha sido uno de los productos más codiciados en la cuarentena. Nosotros llegamos a tiempo para hacernos con dos juegos de botes y en pleno furor también cogimos varios bloques de arcilla blanca.
Desde que decidí volver a usar reloj, necesitaba un pequeño plato para dejarlo encima de la cómoda y que estuviera visible (para no olvidar así ponérmelo cada mañana). Había visto algunos en tiendas, pero las provisiones de arcilla y el ansia craft propia del encierro, me llevaron a hacer mis propias pequeñas bandejas “deja-todo”.
Es un DIY muy fácil que se puede adaptar perfectamente a los elementos que tengáis en casa. Lo único imprescindible es la arcilla, en mi caso utilicé blanca, pero se puede utilizar de color terracota y después pintar. Yo quería uno con la constelación de Leo que improvisé con unas pequeñas estrellas y para el otro usé una hoja del jardín que estampé. Si os animáis a hacer vuestros propios platos, a continuación os dejo el listado de materiales, herramientas y pasos para realizarlos.
Por lo pronto, cuando deje sobre estos cuencos el collar y el reloj cada tarde, me acordaré de aquella primavera lluviosa en la que el tiempo se detuvo y nosotros disfrutamos de estar juntos.
24/10/15
Puede que poco a poco la educación esté cambiando y a las nuevas generaciones se le inculque el valor de expresar sin miedo sus sentimientos. Los nuevos modelos educativos ponen el acento en metodologías como la inteligencia emocional, que no es más que aquel conjunto de habilidades psicológicas que permiten expresar nuestras propias emociones, empatizando con las de los demás.
Gestionar las emociones no es tarea sencilla. Identificarlas, comprender su origen, procesarlas, expresarlas. A esta cadena yo añadiría la relativización, que en mi caso es lo que más me cuesta. Darles el valor que merecen y que no centren demasiado mi atención, impidiéndome disfrutar de otras sensaciones. “Todo pasa”, me repito y hay veces que funciona y otras me quedo irremediablemente en bucle.
Hace poco descubrí en Etsy el proyecto 99 feelings. Mitsy, la chica belga que está detrás de esta marca, encontró en la cerámica la forma para expresar todos los sentimientos que de otra forma se hubiese quedado para ella. Para ella las emociones no siempre son individuales, si no que muchas veces unas se entrelazan con otras, provocando sorpresas. Tras un periodo de reflexión, Mitsy descubrió que la forma que daba sentido a su proyecto era la de la matrioska, muñecas rusas tradicionales que se encajan unas dentro de otras en orden descendente.Mitsy cuenta que tras pasar por una época muy negativa se dispuso a dar forma a todos los sentimientos que estaba experimentando. Cada una de estas muñecas huecas tiene una particularidad que muestra al exterior lo que siente dentro. El enfado, la frustración, el orgullo, el alivio, la creatividad, la irritación, la tristeza, la traición… así hasta 99 emociones.
Me gusta mucho este proyecto por varios motivos: porque ha ayudado a su creadora a canalizar sus propios sentimientos, porque desprende mucha sensibilidad y porque creo que lo importante no es tanto el resultado como todo lo que envuelve el proceso de creación. ¿Se pueden regalar emociones? 99 feelings demuestra que sí.